Inteligencia Artificial, Inseminación Artificial, Plantas artificiales, respiración artificial, camareros artificiales que son robots trayendo comida a los comensales. Lo artificial que no ha sido hecho por la naturaleza sino por la mano del hombre. Las materias naturales las convertimos en artificiales, con la madera fabricamos papel, con minerales vidrio, los plásticos se hacen con petróleo y carbón…
Poco a poco se ha ido produciendo sin darnos apenas cuenta un desarrollo tecnológico y del mundo artificial, lejos de los ríos, los árboles, las montañas de antaño que hablaban a nuestros antepasados. Nos hemos ido distanciando de la naturaleza, rodeados de aparatos y comodidades tecnológicas, inmersos en mensajes de correo electrónico y distraídos con el teléfono móvil. Estamos más aislados que nunca, nos sentimos más solos que nunca. Hemos ido perdiendo el sentido del vínculo natural que nos mantenía unidos al mundo y a las energías primordiales que moldean la existencia.
Aunque hoy en dia vivimos en la cresta de la era tecnológica, sólo nos separan una ó dos generaciones del estilo de vida eminentemente agrícola. La luz eléctrica se utilizó por primera vez en Nueva York en 1882, el automóvil privado no conoció la producción en masa hasta 1913. Estos dos inventos han transformado por sí solos el aspecto y el entorno de nuestro planeta. En la mayoría de los asentamientos humanos ya no es posible disfrutar de la contemplación de las estrellas bajo la impoluta oscuridad del cielo. Nos hemos acostumbrado hasta tal punto a la vida en las ciudades que, de manera inconsciente, confundimos el mundo artificial, creado por nosotros mismos, con la realidad. La proliferación de la tecnología ha dado lugar a un circulo vicioso de alienación. La tecnología nos impulsa a vivir en un mundo conceptual, cada vez más abstracto, apartado de la experiencia sensual que nos ofrecen la fauna, el paisaje ó el canto de los pájaros.
El contacto con la naturaleza siempre nos ha inspirado de manera sensual, como ver correr un río, bañarte en él desnuda, o en el mar o en un lago, eso es completamente excitante, recibiendo el sol en la cara, escuchando pájaros o sintiendo la suave brisa. A quién no le ha gustado hacer el amor en esas condiciones, con un bonito amanecer o atardecer encumbrando un solo cuerpo o más y cubriéndolo del más puro e instintivo placer.

La belleza de lo natural nos rodea por todas partes. Si experimentaramos de manera más honda e intensa la belleza del mundo natural, podríamos contemplar los patrones vitales que conectan las flores, las estrellas de mar, las galaxias y nuestra propia vida con el tejido del universo.
En la tradicción griega, el poder de Eros se veía como la fuerza interior que pone en movimiento las esferas celestes y anima toda la existencia. El amor es el tirón magnético que hace que toda la creación encaje y forme una unidad perfecta. El magnetismo de Eros es lo que inspira la atracción del electrón por el protón, el deseo de unión conyugar con los amantes y la fusión del alma del místico con la inefable fuente de la creación.
La belleza también es necesaria para que florezca la vida, pues sin belleza ni elegancia nos apartaríamos del orden cósmico. Para alcanzar la felicidad debemos seguir a la naturaleza y vivir en armonía con el mundo. Cuando el equilibrio de la naturaleza se rompe, aparecen la enfermedad y los trastornos, tanto en el alma del individuo como en la sociedad en su conjunto.
Hay un declive de la sexualidad. Estamos perdiendo energía, descanso, sensualidad y gozo para poder despertar los sentidos y percibir. Los factores de estrés que alteran nuestra salud menstrual y nuestra fertilidad también ponen en juego el apetito sexual. No tenemos energía para disfrutar de la vida. Yo misma he comprobado que en sitios donde no tengo cobertura recuerdo más los sueños. Las ondas de los móviles y las señales creo que nos influyen más de lo que pensamos. La sexualidad es vida.

Estar plenamente vivo es participar de los ritmos y patrones del mundo natural. El Universo está vivo y es un continuo nacer: es un acontecimiento vital de desarrollo creativo. En las sociedades tradicionales, la locura se ha visto siempre como un desequilibrio entre la humanidad y la naturaleza. Yo pienso que la locura está muy instaurada en nuestra sociedad.
Tras la Peste Negra en 1350, la población mundial rondaba los trescientos setenta millones de personas; ahora somos más de siete mil millones. En 1900 eramos 2.000 millnes de seres humanos en la Tierra y pronto seremos 8.000 millones en 2030. Nuestra huella ecológica sobrepasa en un 50% la capacidad natural de sostenibilidad a largo plazo que tiene el planeta. Tenemos una sobreexplotación o sobrecapacidad ecológica. Actualmente, el planeta necesita un año y medio para regenerar lo que gastamos en un año y para absorber el dióxido de carbono que liberamos a la atmósfera en ese mismo periodo. Pero la capacidad regeneradora del diseño ecológico no solo es posible, sino que está demostrada. Lo que necesitamos es restablecimiento y regeneración ecológica, no sostenibilidad. Si el ser humano colabora con el mundo natural, éste puede regenerarse en períodos mucho más breves de lo que podríamos pensar. Esta regeneración no se logra mediante el control que proporciona la tecnología, sino estableciendo una alianza vital con la naturaleza para aprender de ella y colaborar activamente con el mundo vivo y no con el artificial.
El planeta se debilita mientras la población aumenta. La superpoblación, incluso en presencia de alimentos abundantes, altera el organismo. El experimento llamado “la ciudad de las ratas” de Calhoun, un etólogo estadounidense, demuestra la variable mortífera que puede llegar a ser la superpoblación en una población de ratas. En las cárceles superpobladas, la violencia por ejemplo se vuelve incontrolable.
Ahora, la ingeniería genética controla los procesos genéticos y biológicos. Se produce, reproduce y manipula vida humana. Parece que el hombre a través de la ciencia, ha llegado por fin a ser creador de vida. Para crear vida humana nueva ya no es necesaria una relación entre un hombre y una mujer. Igual que para muchas tareas cada vez se está prescindiendo más del ser humano.
Es la era donde más vida artificial se está creando de la mano del hombre. Se crean seres humanos en laboratorios. Nosotras, las mujeres no controlemos las condiciones de nuestra reproducción y éstas están en manos médicas. Tenemos una ciencia mecanicista, reduccionista y de conquista de la naturaleza y la vida como expresión de un patriarcado capitalista. Después de los 40 años solo si tienes dinero puedes seguir haciendo infinitos procesos de reproducción, donación de óvulos, etc… sin una regulación, pagando cifras de dinero “si se puede” como el lema del 15 M. Poderoso caballero es Don Dinero como decía Quevedo.
La biotecnología se inventó para superar los límites que la naturaleza ha impuesto a los seres humanos. Nosotras, con la lucha de muchas antes que nosotras, hemos salido al mundo laboral y profesional remunerado para no estar únicamente cuidando de otras personas, porque se nos ha humillado al no tener el poder fuera de casa. Todas necesitamos reconocimiento externo y propio. Nos hemos preparado durante años para ser independientes y libres en ese sentido. Pero claro, se nos sigue castigando si no somos madres, porque parece seguir siendo el fin de las mujeres. Hemos llegado tarde a tener hijo/as, entonces, nos meten en laboratorios, nuestros úteros se llenan de aparatos fríos, metálicos y asépticos y los niño/as ahora son engendrados por tecnología, no por medio del encuentro del amor entre dos cuerpos calientes y sintientes. El generar niño/as en laboratorios se está convirtiendo en otro sistema de producción. Producir conocimientos, profesión, alimento, economía e hijo/as. Los hombres y mujeres, las parejas, seguimos teniendo dificultades en la reproducción natural. No se estudian otros factores como la infertilidad social, no se invierte en investigar y prevenir lo que esté pasando a niveles sociales o endocrinos para que esta disminución de la natalidad siga en alza, ¿no interesa conocer por qué cada vez nacen menos bebés? ¿o no interesa saber las respuestas?. Las mujeres seguimos sacrificando nuestros cuerpos y cuando los tratamientos de reproducción asistida no obtienen el resultado esperado, la culpa nos la solemos atribuir a nosotras (no hemos reposado adecuadamente, estoy muy estresada, no puedo sujetar el feto…). ¡¡¡Todo se convierte en tan artificial!!!. Incluso la crianza de las personas que consiguen tener un hijo/a no es nada natural, todo está forzado. No hay una tribu natural que ayude a la crianza y educación de ese ser. Nos hemos apartado de una vida acompasada con lo natural para llevar vidas artificiales.

Los cambios en la civilización están alterando el deseo de tener hijo/as y el significado que se les tribuye. La edad, la inmovilidad y las sustancias tóxicas producidas por nuestra industria hace que la fertilidad disminuya. La endometriosis la sufre una de cada diez mujeres. El desequilibrio hormonal causado por las sustancias del estrés altera las células sensibles del endometrio.
Nuestros cuerpos en muchas ocasiones no funcionan de acuerdo con nuestros ritmos biológicos espontáneos. Estas alteracciones legitiman el desarrollo de la reproducción asistida, gracias a la cuál, la sociedad cura lo que ella misma ha provocado. Tener un hijo se ha convertido en un logro personal, ya no es una necesidad social.
La manipulación del cuerpo de las mujeres, de sus ciclos lleva décadas campando a sus anchas, tanto para la anticoncepción como para la concepción. La manipulación de la tierra, de los campos, de las aguas y de la naturaleza sin ninguna conciencia ni conexión con lo profundo, la esencia, lo divino y el respeto que se merece la materia, trae siempre consecuencias nefastas. No nos adaptamos a nuestro hábitat, intentamos que el hábitat se adapte a nuestros intereses capitalistas, trabajando para poseer más bienes y mejores y persiguiendo nuestro propio beneficio sin tener en cuenta el de la comunidad ó el entorno.
Cuando las personas vivimos en lugares, situaciones inhóspitas, estresantes o causantes de ansiedad, los circuitos neurológicos del miedo suelen estar más estimulados. Desde hace setenta años se sabe que la alteración de las hormonas altera el organismo y comportamientos como la agresividad y la reproducción.
Con todo esto, se observa que el cerebro no cambia, pero bajo estímulos ecológicos, la secreción de neurohormonas modifica los cuerpos y el comportamiento sexual. Recientes análisis epigenéticos muestran que una variación en el entorno puede incluso modificar la expresión del ADN. Los genes no codificantes están directamente influenciados por los estímulos ambientales, la dieta, el sueño, la actividad física y las variaciones de luz. El ejemplo de las abejas: cuando la reina muere, las obreras rodean a una trabajadora, la envuelven con sus estímulos táctiles, térmicos y químicos y la alimentan con jalea real. Esta obrera se vuelve rápidamente grande, inmóvil y fértil.
Visto esto, también podemos ver que las mujeres necesitamos un mundo tranquilo para realizarnos y afrontar los problemas de la maternidad. En un entorno hóstíl donde siempre estamos alertas, nuestro cerebro responde segregando isotocina, una neurohormona que activa comportamientos territoriales y agresivos y destruye las células germinales femeninas o sea, nuestros ovocitos, como si la adaptación de un entorno adverso facilitara la masculinización del tejido reproductivo. En contextos ecológicos y sociales difíciles, la fecundidad de las mujeres y los hombres disminuye mientras que la mortalidad de las mujeres y los niños aumenta, lo que se verifica en los seres humanos y el resto de los animales. Con lo cuál, el entorno relacional moldea el cuerpo y el alma en mayor medida de lo que nos creíamos.
Estamos ante una epidemia silenciosa entre las mujeres de todo el mundo: se está destruyendo nuestro equilibrio hormonal. Unos veinte millones de mujeres padecen el síndrome de ovario poliquístico, miomas, endometrosis, menstruaciones dolorosas, abundantes e irregulares, problemas de tiroides y surprarrenales. La terapia hormonal sustitutiva está más en auge que nunca. Una de cada diez parejas no puede tener hijos y las histerectomías siguen siendo la operación más común a la que nos somenten a las mujeres. ¿Hemos perdido la sincronía con nuestra vida?. ¿Estamos sanas y felices?.
Los alimentos industriales reducen la calidad del esperma y de los ovocitos. Los disruptores endocrinos son señuelos que ocupan el lugar de las hormonas reales y provocan trastornos del sistema reproductor: criptorquidia, hipospadias en los niños, pubertad precoz en las niñas. Los bisfenoles presentes en los envases de plástico, las monturas de las gafas y los biberones aceleran la pubertad en las niñas y reducen los niveles de testosterona en los niños. Tanto mundo artificial en definitiva nos enferma desde el origen.

La fertilidad no consiste únicamente en la fusión de dos células, esto no es suficiente, ya que el cerebro de los progenitores, su historia y su cultura participan de ella.
Según he leido en internet en una clínica de fertilidad sobre el concepto de la concepción dice así; “La Inseminación Artificial (IA) intrauterina, es una técnica que imita las condiciones naturales de la fecundación. Es sencilla, rápida, indolora y mínimamente invasiva. Se realiza en la consulta sin necesidad de anestesia. Consiste en la introducción de una muestra de semen dentro de la cavidad uterina. Una única inseminación por el ciclo es suficiente si se realiza durante el periodo de ovulación, que se determina con exactitud realizando controles ecográficos”. Yo estoy segura de que muchas personas no se imaginaban engendrando de esta manera “tan natural”. Y sigue diciendo; “Para aumentar la probabilidad de embarazo la calidad del semen se mejora en el laboratorio previamente, mediante el proceso de capacitación espermática. El semen obtenido de una eyaculación no es capaz de fecundar, es necesario eliminar el plasma seminal que acompaña a los espermatozoides. De forma natural, los espermatozoides se desprenden de este componente durante su viaje desde el cuello del útero hasta las trompas de Falopio. Cuando llegan al óvulo ya se encuentran listos para fecunda”. No entiendo por qué siguen definiendo esto como natural.
Lo que me parece verdaderamente natural no es lo que describe esta clínica, sino nuestros árboles, esos magnificos seres que liberan unas sustancias químicas llamadas fitoncidas que son muy beneficiosas para nuestro sistema inmunitario. Lo que me parece natural es el canto de los pájaros que calma nuestras ondas cerebrales o darnos cuenta de como los fractales (patrones complejos que se encuentran en las costas, las nubes y las olas del mar) pueden relajar nuestro cerebro. Ese tipo de cosas es el contacto con lo natural, con la esencia, con la verdad y con nosotras mismas.

Invito y desearía que volviéramos más a la naturaleza, a sentir los ciclos nuestros y del planeta, a reconectarnos saliendo del mundo artificial.