
«Hace unos días una amiga que estuvo de voluntaria en el campo de refugiados sirios en Idomeni me propuso pintar un cuadro. No sé por qué, pero inmediatamente dije que sí . Entre decir sí o no, mejor decir sí. Esa misma noche empecé a mirar fotos de refugiados. Las que captaron mi atención fueron todas de niños y entre ellas vi a una jovencita que sostenía y protegía al que parecía su hermano recién nacido. Me puse a pintar. Quería esperanza. Quería que mi niña-madre transmitiera fuerza. Quería que la esperanza emanara del recién nacido quien, a pesar de haber nacido en mitad de la Guerra, no había sido «tocado» por Ella La Guerra . Y quería que la niña-madre sí lo estuviera. Eso quería».