DOS MANOS QUE HABLAN

El anterior sábado en nuestro taller “SER MUJER Y NO SER MADRE”, le mandé escribir a una de las participantes cómo está viviendo su proceso, con una mano escribía una cosa y con la otra mano expresaba otra cosa.

Empezó ella a contarnos que después de este último intento de reproducción, no se había quedado embarazada. Y acto seguido, leyó estos dos escritos en voz alta. Todas sentimos su dolor, todas pudimos entender el camino que estaba atravesando tan intenso interiormente. Esta chica tiene una cara dulce y mirada triste, en ocasiones la veo con una sonrisa forzada, disimulada y alguna que otra expresión de “no me tires más de la lengua que me desarmo” ó algo por el estilo. Al leer estas dos cartas, comprendí lo difícil que está siendo para ella. No quiere rendirse, sigue luchando por conseguir su sueño, ser madre. A la vez está tan derrotada, tan cansada, tan abatida… que hería profundamente escucharla.

Hoy quiero homenajearla por lo valiente que es, al vivir todo esto así y sobre todo también al compartirlo con el grupo y mucho más al hacerlo público en la red. Es su intimidad, sus emociones, pensamientos y sensaciones más profundas y por eso mismo, animo al lector ó lectora a sumergirse en estas profundidades desde el más absoluto de los respetos.

Muchas gracias M. Y ojalá que un día la mano izquierda tenga mucho más que decir, tanto que la mano derecha se quede completamente enmudecida.

MANO DERECHA

Hola, soy tu mano derecha y soy una plasta de cuidado. Siempre estoy ahí para recordar que algo puede salir mal. Soy la duda eterna del resultado que conseguirás. Soy el no poder controlar ni influir en el proceso.
Soy el dolor físico, los pinchazos, la hinchazón y los moratones.
Soy no reconocer tu cuerpo , no saber ya dónde pinchar. Soy la impresión de mirarte al espejo y parecer que te han dado una paliza. Soy el nerviosismo por olvidarte de la medicación. Soy la incomodidad que no te abandona.

Soy las hormonas que te revolucionan, soy las lágrimas, soy la sensibilidad que te acompaña, la irascibilidad ante cualquier cosa que nadie entiende ni comparte.

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Soy las revisiones, soy todo el tiempo invertido en la nada. Soy todo lo que no has vivido por estar en esto, soy parte de una vida perdida que no podrás recuperar.

Soy los pensamientos que te atormentan. Soy ser un número más y sentir que vas a la frutería en vez de al médico.

Soy el sufrimiento, soy la nueva sangre que fluye, soy la vida que se va en silencio.
Soy las pérdidas.
Soy los óvulos jóvenes que ya han envejecido, soy los óvulos que nunca servirán para nada y nunca cumplirán su fin.

Soy la espera, mientras todos siguen haciendo su vida y tú solo estás esperando a que pase el tiempo.

Soy la caída después de la ilusión pasajera. Soy la añoranza de lo que nunca has tenido.
Soy la soledad y el callarse para no preocupar a los demás y no importunarlos.

Soy el no saber qué quieres. Soy las ganas de abandonar. Soy el peso de tener esta responsabilidad. Soy la losa que llevas encima, estés contenta o triste, hagas lo que hagas que siempre está ahí empujándote hacia abajo.

Soy el miedo.
Soy el temor a nunca conseguirlo y el temor a conseguirlo pero que no sea lo que quieras.

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Soy la incomprensión, soy el silencio, soy las miradas reprobadoras y los comentarios que se reprimen y el mirar al suelo.

Soy las dudas de luchar por lo que quieres.

Soy la sensación de desacompañamiento y la confusión de que a nadie le haya pasado nada. El silencio de todos que se callan, de lo que nadie habla aunque les haya pasado
lo mismo.

Soy la oscuridad, soy los ojos abiertos en la noche mientras todos duermen.

Soy la decepción en tu mirada y en la de otros. Soy la lástima de los demás por lo que no tienes o nunca tendrás. Soy el desconocimiento de la gente.

Soy la desesperanza, la frustración, el no ver la salida.

Soy todo lo que pensabas que ibas a tener y no tienes. Soy la causa de ser distinto, de no estar en el círculo, del aislamiento, de no poder opinar.

Soy el tener que seguir con tu vida, como si no hubiera pasado nada. Soy el tener que estar bien para los demás.

Soy el rencor por no tener unas condiciones más favorables, porque no se hable del tema y se normalice, porque no respeten tu duelo, por la necesidad de justificación continua.

Soy el desamparo.

Soy la sensación de estar muerta por dentro.

Soy ser esto o nada”.

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Mano izquierda

“Hola soy tu mano izquierda. Hablo bajo, paso rápido y no me recuerdas pero soy la esperanza, la ilusión y la vida. Soy la luz, aún pequeña que ilumina.

Soy el continuar remando hacia la orilla, el impulso para seguir hacia delante, el no rendirte, el seguir luchando.

Estoy aquí para que no te conformes.
Soy la fuerza, soy la victoria. El poder conseguir tu objetivo, coronar la cima.

Soy la comprensión, soy la empatía.

Soy quién está siempre ahí, a pesar de todo, a pesar de ti.

Soy los mimos, el cuidado y el cariño.

Una mano caliente tocando tu cara fría”.

 

M.

 

 

 

 

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